«Algunos días se veían obligados a
comer pan y melaza. No había nada más. María Clemm
hacía labores de aguja. Virginia era demasiado frágil.
Solían pasar frío por ahorrar el combustible de la estufa;
pero no podían escatimar el aceite de ballena ni el petróleo de la lámpara, porque en la oscuridad resultaba imposible escribir.»


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